Antes de que se construyera el Puente de Isabel II conocido como Puente de Triana, en Sevilla hubo propuestas para sustituir al puente de barcas. Este es el caso del proyecto de puente de piedra de Andrés Oviedo en 1626.

Las fuertes riadas y avenidas del Guadalquivir, unidas al terreno poco compacto de sus bordes era un problema endémico para la ciudad que se mantenía a lo largo de los siglos. Aunque la Sevilla del siglo XVII experimentó transformaciones urbanas importantes, éstas no afectaron al ámbito fluvial. Las recurrentes riadas aislaban a Triana y se vio la necesidad de establecer un enlace permanente entre la metrópolis y el arrabal.

En 1626 se idea un puente sobre el Guadalquivir entre Sevilla y Triana que si bien no evitaría las riadas mantendría la comunicación; una propuesta para sustituir al puente de barcas, mediante un puente de piedra.

A iniciativa del vizconde de la Corzana, tras la visita de Felipe IV, el maestro mayor Andrés de Oviedo idearía esta propuesta de puente de piedra. Con él se quería dotar a la ciudad de un enlace firme y robusto de comunicación, necesario para la agitada vida comercial y marítima del puerto americano con Triana.